Fue entre 1976 y 1983 que la dictadura militar en Argentina hundió en el terror a miles de personas, desde los dos bandos se buscaba “derrotar” al otro con técnicas que muchas veces llevaban a la muerte a más de un inocente.
Fue durante este tiempo también, que Argentina se dió el gusto de ser sede de un Mundial de Fútbol, evento que sirvió para mostrarle al mundo una realidad diferente a la que se vivÃa en las calles, mientras miles de personas alentaban a un seleccionado que finalmente se alzarÃa con la gloria máxima del balonpie a nivel global.
30 años pasaron ya desde aquella hazaña argentina frente al seleccionado holandes. 3 a 1 fue el resultado de aquel 29 de junio de 1978. Por esto es que el pasado domingo se recordó este aniversario con un partido homenaje jugado en el Estadio Monumental en el que no solo se recordó el tÃtulo logrado, sino también se le homenaje a los más de 30000 desaparecidos que dejó el proceso militar en nuestro paÃs.
Desde DM recordamos esta fecha tan alegre en su cara más visible con este pequeño relato de Eduardo Galeano, extraido de su libro “El fútbol a sol y sombra”:
El Mundial del 78
En Alemania morÃa el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacÃa el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. SucumbÃan las primeras vÃctimas del sida, una maldición que todavÃa no se llamaba asÃ. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometÃan a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caÃda de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastÃa de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastÃa del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caÃa. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.
Participaron diez paÃses europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. EL Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allÃ, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.
«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:
—Este paÃs tiene un gran futuro a todo nivel.
Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos dÃas después:
—Argentina es un paÃs donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso polÃtico.
Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debÃan ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.
La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.
A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.
Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada uno.
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